Te presentamos los negocios con más historia de la ciudad, establecimientos singulares que han resistido el paso del tiempo y que forman parte del atractivo turístico de nuestra ciudad. 211 comercios emblemáticos de Barcelona están protegidos por el Ayuntamiento con acciones enfocadas a preservar su supervivencia. Hoy nos vamos de compras por algunos de ellos ¡y queremos que nos acompañes!

Can Culleretes, el restaurante más antiguo de Barcelona (1786)

Hace 230 años que la familia Agut Manubens fundó una cremerie donde vendían natillas, chocolate, helados y otros dulces. Ahora se ha convertido en el restaurante más antiguo de Barcelona y, además de seguir sirviendo postres caseros, ofrece un completo menú de comida tradicional catalana. Pese a ser un lugar emblemático por donde han pasado artistas, políticos y famosos de todo tipo, los platos de Can Culleretes están al alcance de todos los bolsillos.
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Herboristeria del Rei (1818)

Si te gustan los remedios naturales puedes acercarte a este herbolario que puede presumir de haber sido proveedor oficial de la casa real española, cuando Josep Vila, su primer propietario, fue nombrado herbolario de Cámara de Isabel II en 1857. Además, en 2006 este peculiar espacio se convirtió en una perfumería parisina para el rodaje de la película “El perfume: historia de un asesino”.

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El Rei de la Màgia (1881)

En la calle Princesa se encuentra este comercio dedicado a la magia y al ilusionismo donde puedes encontrar varitas, barajas de cartas y, sobre todo, centenares de manuales para hacer trucos de magia. El pasado verano, los dueños actuales del Rei de la Màgia compraron otra de las tiendas más míticas de Barcelona, llamada El Ingenio (1838) cuando su propietaria estaba a punto de echar el cierre. Allí puedes encontrar disfraces, artículos de fiesta y broma, y su producto estrella, los cabezudos que se usan en muchas fiestas populares de Cataluña.

Els Quatre Gats (1897)

Este restaurante fue el lugar de encuentro de grandes intelectuales de la Barcelona modernista y hoy en día aún conserva gran parte del ambiente bohemio que importó de París a finales del siglo XIX. Pablo Picasso era uno de los clientes más fieles a els Quatre Gats y, además de exponer allí sus primeros cuadros, diseñó el cartel que aún da la bienvenida en la entrada del local.

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Pastelería Escribà (1906)

En 1906 un repartidor de carbón llamado Mateu Serra abrió un horno de pan en Barcelona. 20 años más tarde su hija se casó con un joven pastelero llamado Antoni Escribà, y tuvieron 4 hijos que también siguieron la tradición pastelera. Hoy en día los nietos de Antoni son los que mantienen la pastelería Escribà que es famoso por sus pasteles de fantasía y espectaculares obras de arte en forma de dulce. Si eres goloso ¡no dejes de visitarles!

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Pero no solo los comercios que aún resisten tienen su placa. Aquellas tiendas que no pudieron soportar las subidas de los alquileres, la presión de planes urbanísticos o la falta de sucesores, también han dejado su huella en láminas que irás encontrando por decenas de rincones de la ciudad. ¡Te retamos a que las encuentres por ti mismo!