San Jordi está a la vuelta de la esquina y con él las ganas de impregnar de rojo la ciudad. Se puede considerar el día del amor y de la cultura en Cataluña, pues no existe otro en el que las historias del mundo y las muestras de cariño salgan a pasear al unísono.

Se dice que la tradición nunca muere y esta es una de las más bonitas y celebradas en la región catalana. Paradas cargadas de libros y rosas protagonizan una jornada en la que el texto y la flor son la ofrenda de los enamorados, el símbolo de su amor.

Cabe decir que, mientras que la cultura se intercambia de forma masiva, sin entender de sexos ni edades, la flor del rosal, “notable por su belleza, su fragancia y su color”, queda reservada a ella.

Pero lo mejor de los ritos, no es lo que proponen, sino toda la historia que contienen detrás. Y en este caso detrás encontramos una bonita leyenda. Cuentan que, en un pueblo llamado Montblanc, vivía un dragón que aterrorizaba a sus habitantes. Cuando la comida empezó a escasear, preocupados por la situación, los ciudadanos decidieron sacrificar cada día a una persona para calmar a la bestia, mediante un sorteo que se realizaba al azar.

Tras unas semanas, resultó que la suerte llevó a la joven hija del rey a ser la víctima de dicho ritual. Pero cuando todo estaba dispuesto, apareció un misterioso caballero llamado San Jordi que se enfrentó al dragón y salvó a la princesa.

Dicen que, de la sangre del dragón, creció un rosal con las rosas más rojas que se hayan visto nunca. De aquí el origen de regalar una rosa y de celebrar la Diada de San Jordi, en honor al valiente caballero. Respecto al libro, surge a partir de 1995, cuando la UNESCO declara el 23 de abril como el Día Internacional del libro y del Derecho de Autor; en conmemoración a la muerte de grandes escritores como Cervantes, Shakespeare i Josep Pla.